Todo buen mensaje comienza con personas que desean recepcionar el mensaje y luego hablar, llamar o simplemente callar y guardar en el corazón.
Bartimeo el ciego, dejó de ser ciego porque primero escuchó. "Y oyendo que era Jesús nazareno..." Marcos 10:47
Seguramente como toda persona, Bartimeo charlaba con alguien, sus conversaciones deben haber sido buenas en cuanto al ir y venir del mensaje; porque él sabia escuchar.
El éxito del evangelio está en que las personas puedan oir palabras de vida, que puedan recepcionar buenas noticias en un mundo en caos y que al aceptar el mensaje puedan venir a Jesús.
Las personas deben oir éste mensaje hasta que el Señor decida levantarnos, en nosotros está el hablarlo; pero también debemos saber escucharlo.
La comunicación con nuestro Dios está abierta.
¿Cómo lo escuchamos?
_Atraves de su palabra: Juan 5:39
_En una oración donde no solo hablo yo, sino que dejo que él intervenga hablando directamente a mi corazón.
_Cuando él me responde lo que le pedí. (Aveces pedimos y cuando viene la respuesta no la tomamos en cuenta)
_En la adoración genuina
_En medio de la prueba, cuando solo hay silencio y él puede hablar.
_En las tormentas, cuando logramos elevarnos más cerca suyo.
_En el gozo y la alegria, en el palpitar de su corazón estremeciendo el dolor.
A Dios le podemos escuchar de muchas maneras, lo que hacemos luego es lo que, como a Bartimeo, nos puede dejar una gran bendición.
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Juan 10:27-28
La voz del Buen Pastor es única.

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